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23 de abril de 2009

Hoy, 23 de abril, ha sido un gran día. Hemos realizado la lectura del Quijote durante toda la mañana, hemos hecho entrega de los premios del Concurso Literario -y felicitamos a los ganadores, en especial a nuestra genial Carolina Calleja, de quien publicaremos dos poemas mañana-, hemos asistido a una charla y recital maravillosos de Eduardo García, algunos afortunados hemos recibido un libro de regalo, y una rosa quizás, hemos vivido momentos irrepetibles...
Queremos dar las gracias a todos los que dais vida y sentido a este blog con vuestros comentarios, vuestras aportaciones, vuestro interés y vuestro esfuerzo.
Y celebramos este Día del libro, además, con el deseo de que el trabajo que los guardianes realizamos pensando en vosotros contribuya a hacer de nuestros cuartos crecientes unas auténticas lunas llenas.
En este día tan especial publicamos con este mensaje la entrada número 100 de nuestro blog.
Gracias por estar ahí.

23 DE ABRIL

DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO

Bonita imagen, ¿verdad? Pues las imágenes más maravillosas
son las que logras crear tú mismo a partir de la lectura de un buen libro.

DIADA DE SANT JORDI

El 23 de abril es un día destacado para las letras, al celebrarse el día del libro, y para diferentes ciudades, regiones y países del mundo que tienen como patrón a San Jorge (Aragón y Cataluña, Portugal, Inglaterra…), con celebraciones especiales para este día. En España destaca la diada de Sant Jordi, en Cataluña, con la tradición del libro y la rosa como día de los enamorados; la Semana medieval de Montblanc (Lleida); los moros y cristianos de Alcoy; la celebración del día del Libro en diferentes ciudades del país, y la entrega del premio de las Letras Hispánicas Miguel de Cervantes.

Entre todas las celebraciones que se realizan el 23 de abril en diferentes regiones del mundo, cabe destacar la de la diada de Sant Jordi en Cataluña (San Jorge). Este día se ha convertido en un día multitudinario de participación ciudadana, con las ciudades repletas de gente paseando y disfrutando de la cultura con tenderetes de venta de libros, escritores firmando libros en las calles, así como multitud de rosas de múltiples colores que esperan ser compradas por los enamorados que se las regalan a sus parejas.

El origen de esta celebración tiene una parte de leyenda: la leyenda medieval del dragón y el caballero San Jorge. Entorno al mártir cristiano San Jorge, nació una de las leyendas medievales de damas y caballeros más famosas. Dice la leyenda que hace muchísimo tiempo un terrible dragón atemorizaba a los habitantes de un lejano pueblo (en la leyenda catalana se sitúa en Montblanc, Lleida). El dragón no dejaba descansar a los aldeanos, ya que devoraba a los animales de pasto. Cuando se comió todos los animales, para calmar la ira del dragón los habitantes pactaron con el dragón que cada día se elegiría una persona, escogida al azar, y se la ofrecerían al dragón como muestra de buena voluntad. Sin embargo, un día la persona a la que le tocó ser sacrificada fue la hija del rey. Cuando estaba a punto de ser engullida por el dragón, apareció un valiente caballero que se enfrentó a la malvada bestia. Era san Jorge. Le clavó la lanza al dragón, y de la sangre derramada brotó un rosal de rosas rojas. Desde entonces, es costumbre en Cataluña regalar una rosa a la persona que se ama. Los orígenes del regalo de rosas a las mujeres se sitúan entorno al siglo XV, y desde entonces -y especialmente a partir de finales del siglo XIX- se ha extendido entre los catalanes como muestra de amor y símbolo del día de los enamorados.

Asimismo, a principios del siglo XX se sitúa la tradición del libro. Popularizado a nivel mundial desde 1996, cuando la Unesco propuso que esta celebración fuera internacional, coincidiendo con la conmemoración de la muerte de grandes figuras de la literatura mundial: Miguel de Cervantes, Inca Garcilaso de la Vega y William Shakespeare.

"Soñar despiertos siempre" (Eduardo García)

La mejor forma de conmemorar el Día del Libro, hoy 23 de abril, es leyendo. Y las posibilidades de elección son infinitas: hay tanto que leer, hay tanto que conocer… Algunas historias nos cautivarán, otras no, pero ojalá nunca nada nos deje indiferentes. Y qué libertad la del lector de poder coger un libro y abandonarlo cuando desee. Y pensaréis: ¡qué contradicción que nos manden lecturas obligatorias! Y lo es, pero insistimos… hay tanto que conocer… Y, por otra parte, qué complicada es siempre la tarea de recomendar un libro. ¿Cuántas veces has sentido una gran emoción escuchando una canción o viendo una película o leyendo un libro… y has querido compartirla con alguien que no ha sentido lo mismo que tú? Y te preguntas entonces cómo es posible que no le guste si es genial, si a ti te encanta. Pues así son las cosas.

Muchas veces el comienzo de una novela o de un relato o los primeros versos de un poema son decisivos. Pero cuidado, no cometamos el error de retirarnos antes de tiempo si no nos gusta el inicio… lo verdaderamente bueno siempre está por venir.

Los guardianes hemos querido contribuir a la celebración de este día tan significativo para nosotros con los comienzos de algunas novelas y con algunos versos (y es sólo una mínima muestra de tanto como hay…). Nuestro deseo es incitaros a continuar lo que nosotros tan solo iniciamos.

Una alumna dijo un día: Yo nunca había leído y ahora no puedo dormirme sin haber leído antes unas líneas... ¿Hay mejor regalo para los profesores de Literatura?

PASEN Y VEAN

PRÓLOGO:
Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. (…)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. (…)
Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérselo a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días. Y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.

(Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha)

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

(Gabriel García Márquez. Crónica de una muerte anunciada)

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

(Gabriel García Márquez. Cien años de soledad)

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

(Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera)

Y al día siguiente no murió nadie.

(José Saramago. Las intermitencias de la muerte)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

(Juan Rulfo. Pedro Páramo)

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo.

(Franz Kafka. La Metamorfosis)

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde los dientes. Lo.Li.Ta.

(Vladimir Nabokov. Lolita)

Era el mejor y el más detestable de los tiempos; la época del saber y de la tontería; de la fe y la incredulidad; de la luz y las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Íbamos directamente al cielo y rodábamos hacia el infierno.

(Charles Dickens. Historia de dos ciudades)

La heroica ciudad dormía la siesta.

(Clarín. La Regenta)

A la memoria del insigne patricio don Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escrito, le llamó Pascualillo y sonreía.
P.D.

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.

(Camilo José Cela. La familia de Pascual Duarte)

Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada en la callejuela de S… y, con paso lento e indeciso, se dirigió al puente K…
Había tenido la suerte de no encontrarse con su patrona en la escalera.

(Fedor Dostoiewsky. Crimen y castigo)

A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El lector queda invitado a elegir una de las dos posibilidades siguientes:

(Julio Cortázar. Rayuela)

En 1815, monseñor Charles-François-Bienvenu Myriel era obispo de Digne. Era un anciano de cerca de setenta y cinco años y ocupaba la sede de Digne desde 1806.

(Víctor Hugo. Los miserables)

Pasaban 7 minutos de la medianoche. El perro estaba tumbado en la hierba, en medio del jardín de la casa de la señora Shears. Tenía los ojos cerrados. Parecía estar corriendo echado, como corren los perros cuando, en sueños, creen que persiguen un gato. Pero el perro no estaba corriendo o dormido. El perro estaba muerto. De su cuerpo sobresalía un horcón. Las púas del horcón debían de haber atravesado al perro y haberse clavado en el suelo, porque no se había caído. Decidí que probablemente habían matado al perro con la horca porque no veía otras heridas en el perro, y no creo que a nadie se le ocurra clavarle una horca a un perro después de que haya muerto por alguna otra causa, como por ejemplo de cáncer o un accidente de tráfico. Pero no podría estar seguro de que fuera así.

(Mark Haddon. El curioso incidente del perro a medianoche)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde en que, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto...

(¡Vaya mezcla!)

…guardar un accesorio para así recordarte
sería conceder que en mí cabe el olvido.

(Shakespeare)

¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?
Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!
¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar!

(Shakespeare. Soliloquio de Hamlet)

¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
(...)
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(Pedro Calderón de la Barca. Soliloquio de Segismundo en La vida es sueño)

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

(Garcilaso de la Vega. Soneto V)

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?

(Gutierre de Cetina. Madrigal 54)

Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido

(Fray Luis de León. Canción de la vida solitaria)

Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero.

(Santa Teresa de Jesús)

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

(San Juan de la Cruz. Noche oscura)

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto.

(Lope de Vega)

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quién lo probó, lo sabe.

(Lope de Vega)

Amor está, de su veneno armado
cual entre flor y flor sierpe escondida.

(Góngora. 178)

Poderoso caballero es don Dinero
..........
Miré los muros de la patria mía (Heráclito cristiano)
..........
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado. (Parnaso español)
..........
polvo serán mas polvo enamorado

(Quevedo)

¿Qué es poesía?, ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

(Bécquer)

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

(Rubén Darío. Canción de otoño en primavera)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

(Antonio Machado. “Retrato”, en Campos de Castilla)

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

(Antonio Machado. Proverbios y cantares)

Intelijencia, dame
dame el nombre exacto de las cosas

(Juan Ramón Jiménez. Eternidades)

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora

(Lorca. Romance de la Pena Negra)

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.

(Lorca. Romance Sonámbulo)

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

(Rafael Alberti. Entre el clavel y la espada)

Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

(Jorge Guillén. Las doce en el reloj)

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas al cielo con tu lanza

(Gerardo Diego. Versos Humanos)

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

(Luis Cernuda)

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.

(Pedro Salinas. La voz a ti debida)

Te estoy besando más lejos.

(Pedro Salinas. La voz a ti debida)

Y aún no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida;
mas con la lengua muerta y fría en la boca
pienso mover la voz a ti debida.

(Garcilaso de la Vega. Égloga III)

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(Miguel Hernández. Elegía a Ramón Sijé)

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

(José Hierro. Alegría)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
(…)
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
(…)
Aunque este sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

(Pablo Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desesperada)

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

(Pablo Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desesperada)

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
(…)
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien, son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
(…)
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.
(…)

(Gabriela Mistral. Besos)

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

(Leopoldo María Panero. Blancanieves se despide los 7 enanitos)

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

(Blas de Otero. En el principio)




22 de abril de 2009

PREPARADOS, LISTOS...