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9 de junio de 2009

No cierres los ojos

Por primera vez se ha estrenado una película en Internet y en los cines al mismo tiempo. YouTube y el productor cinematográfico Luc Besson y Yann Arthus-Bertrand muestran en su totalidad Home, una película de 90 minutos de duración sobre el declive de la Tierra, desde el día 5 de junio de 2009 (Día Mundial del Medio Ambiente) hasta el 14, en exclusiva en YouTube para los países de habla hispana, inglesa, francesa y alemana.
Los canales de YouTube en dichos idiomas incluyen diversos vídeos, desde los primeros extras sobre la producción de la película, hasta un “making of” de la misma y entrevistas en profundidad. Además, cinco capas de Google Maps muestran contenido creado por los usuarios, señalan los sitios reales donde se difundirá la película, ofrecen material educativo sobre los temas que se tratan, etc. Además de su estreno en Internet, Home se proyectará en diversas salas de cine, se emitirá en canales de televisión nacionales y se mostrará en pantallas grandes ubicadas en lugares emblemáticos.

Merece la pena verla y llegar hasta el final (parece que sólo se podrá ver hasta el 14 de junio). Ya hemos abierto los ojos muchas veces en Cuarto Creciente, no los cierres ahora.

5 de junio de 2009

El mundo en tus manos

Mis palabras no son sino la coronación de un largo proceso que viene clamando contra la deshumanización progresiva de la Sociedad y la agresión a la Naturaleza, resultados, ambos, de una misma actitud: la entronización de las cosas. Pero el hombre, nos guste o no, tiene sus raíces en la Naturaleza y al desarraigarlo con el señuelo de la técnica, lo hemos despojado de su esencia.
Esto es lo que se trasluce, imagino, de mis literaturas y lo que quizás indujo a Torrente Ballester a afirmar que para mí “el pecado estaba en la ciudad y la virtud en el campo”. En rigor, antes que menosprecio de corte y alabanza de aldea, en mis libros hay un rechazo de un progreso que envenena la corte e incita a abandonar la aldea. Desde mi atalaya castellana, o sea, desde mi personal experiencia, es esta problemática la que he tratado de reflejar en mis libros. Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble.
Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste. Al hombre, ciertamente, se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante. (…)
A mi juicio, el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo y, en consecuencia, de preservar la integridad del Hombre y de la Naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral universal. Esta conciencia moral universal fue, por encima del dinero y de los intereses políticos, la que detuvo la intervención americana en el Vietnam y la que viene exigiendo juego limpio en no pocos lugares de la Tierra. Esta conciencia, que encarno preferentemente en un amplio sector de la juventud que ha heredado un mundo sucio en no pocos aspectos, justifica mi esperanza.
Muchos jóvenes del Este y del Oeste reclaman hoy un mundo más puro, seguramente, como dice Burnet, por ser ellos la primera generación con DDT en la sangre y estroncio 90 en sus huesos.
Porque si la aventura del progreso, tal como hasta el día la hemos entendido, ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la violencia y la incomunicación; de la autocracia y la desconfianza; de la injusticia y la prostitución de la Naturaleza; del sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura; de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: “¡Que paren la Tierra, quiero apearme!”

Miguel Delibes
Un mundo que agoniza.

Hoy, 5 de junio, es el Día Mundial del Medio Ambiente.
Reflexiona ahora mismo, ya, y actúa.

Quizás mañana... sea demasiado tarde.